Fiestas navideñas, 1913
Según ese diario la nochebuena cerró con broche de oro las fiestas decembrinas “lo mismo en la suntuosa residencia que en el humilde hogar”. Las posadas se festejaban entonces con espíritu religioso hasta llegar al “patio de vecindad, lleno de estorbos y poblado de chiquellería, cuyas vocecitas se confunden con las de las personas mayores”; se cantaba la letanía y tonadas más profanas como “anda Lolita, no te dilates, echa confites y cacahuates”.
La piñata iba rellena de cañas, naranjas, confites; en hogares menos modestos se les añadían frutas secas; incluso se bailaba y se bebía, “las parejas se lanzan al compás voluntarioso y entre pieza y pieza desfilaban las botellas de tequila, de mezcal y otros compuestos alcoholizados”.
En la Alameda central no faltaban, como ahora, los puestos donde se vendían juguetes, adornos navideños, colaciones; de acuerdo con el diario se trataba de “fruslerías” y “piñatas antiestéticas”; en las casas ricas.
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